«Dejad que los niños se acerquen a mí»

Antoni Vadell Ferrer, obispo auxiliar de Barcelona

Siempre me ha parecido impresionante esta escena en la que Jesús dice a sus discípulos que dejen que los niños se acerquen a Él (Marcos 10,13-16). Es sabido que en tiempo de Jesús los niños no contaban para nadie. En cambio, el evangelio nos descubre un Jesús que desea estar con los niños y dedicarles tiempo: «Y tomándolos en brazos los bendecía imponiéndoles las manos» (Marcos 10,16).

Y si esto resulta sorprendente, todavía más lo es el hecho de que Jesús los pusiera como ejemplo, y nos diga «En verdad os digo que quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él» (Marcos 10,15).

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La familia, Iglesia doméstica

Anna-Bel Carbonell, educadora y madre de familia

Nuestra vida se ha perturbado más de lo que quisiéramos. Esto se ha hecho muy evidente durante las distintas restricciones y confinamientos que esta pandemia global nos ha impuesto.

Dentro del espacio familiar hemos tenido que acompañar, escuchar, amar, animar. Y también contener malos humores, tristezas, duelos y angustias. Al mismo tiempo que continuábamos creciendo en la fe, acompañándola y dejándola fluir.

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Lluc Aragón: «He aprendido mucho sobre Jesús y sus valores»

Cuando preparábamos este número y pensábamos a qué personas sería interesante entrevistar, decidimos que lo mejor sería dirigirnos a un niño. Porque aunque todavía no tuviera muy formuladas o reflexionadas las cosas, sí que podría ser un soplo de aire fresco, tal vez políticamente incorrecto a veces, como la vida. Por eso hemos ido al encuentro de Lluc, que tienen once años y es un niño de una familia creyente, que va a un colegio laico, que ha sido bautizado, ha hecho la primera comunión y se está preparando para la confirmación… Que participa en el centro de educación en el tiempo libre de la parroquia… y que ha visto como este año todo ello se veía muy condicionado por la Covid.

Nos encontramos en el local del Centro parroquial (en el barrio de La Sagrera de Barcelona), porque es un lugar amplio y ventilado, más adecuado que no su domicilio. Pero todo ello resulta un poco desangelado, porque, como es normal, estas paredes que normalmente bullen de actividad infantil y juvenil, ahora solo respiran vacío.

Una familia creyente

Lluc, cuéntanos quien eres

Me llamo Lluc. Vivo con mi abuela, mi padre, mi madre y con mi hermano menor. En mi familia todos son creyentes. Mi madre es joyera, hace joyas, y mi padre trabaja en una asociación que ayuda a las asociaciones. Voy a un colegio del barrio, que tiene un proyecto distinto al de otros colegios.

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La alegría de la infancia

M. Àngels Termes, editorial del núm. 17 de Galilea.153 «Niñas y niños»

En esta revista nos hemos centrado en los niños y niñas como sujetos de la transmisión de la fe y de la participación en la liturgia.

Sí, la alegría que los niños y niñas viven y la que comunican a los demás. Lo digo por experiencia. Los nietos alegraron en gran manera los años de enfermedad de mi madre, y bastante tiempo después fueron los biznietos quienes lo hicieron con los de vejez de mi padre. Y a mí, ahora, los nietos de mis hermanas y amigas, los gemelos que viven en mí mismo rellano y los pequeños que vienen a la parroquia –aunque sean pocos– me aportan grandes pinceladas de alegría.

Por ello duelen mucho más las situaciones de violencia, de guerra, de migración, de abusos sexuales, de ambiente familiar desestructurado… que roban la alegría de los niños y niñas y los abocan al miedo, la tristeza, la desesperación, la vulnerabilidad, la rabia, la violencia.

En este número de Galilea.153 nos acercamos a la infancia vulnerable con el artículo de Raquel Ríos desde Cáritas de Mallorca. Es un tema que requeriría mucho más espacio y mucha más atención.

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Duelo migratorio

Silvia Magaña

Según el diccionario, el duelo se define como dolor, aflicción, expresión de los sentimientos que la muerte provoca. ¿Qué tiene que ver, pues, con la migración?

Emigrar provoca numerosas pérdidas que van más allá de una respuesta neurofisiológica a unos cambios intuidos como amenazas. El Dr. Joseba Achotegui define muy bien este duelo migratorio que él denomina «síndrome de Ulises». Y mi aportación, desde la experiencia personal, va en esta misma línea.

Toda migració comporta una pérdida

El sufrimiento del inmigrante antes, durante y después de su camino, evidencia que la migración empapa la totalidad de su vida: su conciencia, sus emociones, y también sus pensamientos y su postura ante la realidad que vive.

Los procesos de movilidad humana son siempre una pérdida o la muerte de algo, pero la migración es un factor de riesgo cuando el inmigrante es vulnerable, tanto en su lugar de procedencia como en la sociedad de acogida. Esta vulnerabilidad se manifiesta en cada trayectoria, en cada persona, en la forma cómo se percibe la propia vida, la identidad y en cómo se interactúa en cada contexto.

El duelo migratorio no significa que habrá que aceptar la muerte en algún momento. Se trata de un duelo parcial, de un combate entre dos realidades. Su país y todo lo que lo representa no desaparece. Se produce un ir y venir, una separación que nunca se acaba. Es un duelo vinculado a memorias y a recuerdos de etapas sensibles que siguen presentes, a pesar de quebrantos y distancias.

El duelo migratorio

El peregrino obligado se encuentra con demasiados cambios para los que nadie está preparado: la familia, la red social, la lengua, la forma de comunicarse, los valores, las costumbres, la religión, el estatus social… La nueva realidad se afronta sin contacto con el grupo de pertenencia y a menudo en una cultura hostil. ¿Con quién te identificarás?

El duelo migratorio tiene una dimensión colectiva, se convierte en una experiencia grupal en un entramado social de carencias.

Recuperar la voz del peregrino y su duelo, su universo de sentidos, valores y representaciones puede disminuir el sufrimiento, el conflicto, el dolor. Recuperar la voz de su duelo marca la diferencia entre una adaptación conflictiva y una adaptación apacible en el contexto de acogida.

Juan Carlos Trallero: Perder el miedo a la muerte

Durante más de quince años el Dr. Juan Carlos Trallero se ha dedicado a las curas paliativas y al acompañamiento de las personas que se encuentran al final de su vida.

Lo hace atendiendo y acompañando a los enfermos y a sus familias, lo hace presidiendo la Fundación Paliaclínic en colaboración con diversas instituciones sanitarias, lo hace ofreciendo formación al personal sanitario. Y lo hace sobre todo difundiendo que la muerte forma parte de la existencia y que aceptarla mejora extraordinariamente la calidad de vida de los enfermos y el proceso de duelo de los familiares.

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Duelo y duelos

M. Àngels Termes, editorial del núm. 16 de Galilea.153 «Duelo y esperanza»

El 2 de noviembre oramos por los fieles difuntos, para que Dios acoja su alma. ¡Y está muy bien que lo hagamos! Pero la muerte tiene otra cara: el duelo, el sentimiento doloroso de los que sufren la pérdida de un ser querido.

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Un jubileo para la tierra

5 años de la Laudato si´.

Grupo ecología y justicia, de Justicia y Paz

La pandemia de la Covid-19 ha puesto de relieve sobre todo la vulnerabilidad humana. Ante las ilusiones poshumanistas que prometen, incluso, un horizonte de inmortalidad, la pandemia ha evidenciado que, a pesar del progreso, nuestra fragilidad sigue siendo radical. Lejos de la omnipotencia del superhombre que pretende haber matado a Dios.

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Laura Mor: El confinamiento y la Iglesia

El confinamiento ha puesto a prueba a la Iglesia.

Mercè Solé, entrevista y fotos.

Durante los días de confinamiento la Iglesia se ha sentido perturbada: aparte de que la actividad pastoral se ha visto interrumpida, durante parte de la Cuaresma y hasta el final de la Pascua ha sido imposible celebrar de forma presencial la Eucaristía y, lo que es más grave, la llamada a acompañar con nuestra presencia las situaciones de sufrimiento se ha visto imposibilitada y, por lo tanto, hemos vivido la paradoja de que el bien común requería permanecer en casa, que es justo lo contrario de lo que nos salía del corazón. Esta mezcolanza de frustración y de duelo ha comportado que desde numerosos espacios eclesiales haya brotado una gran creatividad a la hora de vivir comunitariamente la fe, de acompañar personas, de celebrar, de hacer catequesis… Aunque toda esta tarea ha permanecido muy invisible, porque la institución ha perdido visibilidad.

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Hacernos preguntas después del confinamiento

La experiencia del confinamiento nos tiene que invitar a buscar respuestas después de pensarlas detenidamente.

M. Àngels Termes, editorial del núm. 15 de Galilea.153 «Puertas abiertas»

Con el título de esta revista queremos reflejar la voluntad de la Iglesia, a pesar de haber tenido cerrados los templos durante bastante tiempo, de permanecer abierta y ser acogedora durante el confinamiento en la pandemia del COVID-19.

Pero antes de llegar hasta aquí os explico cómo se ha gestado este número. Teníamos algunos temas posibles, pero nos pareció que los debíamos aparcar para reflexionar a raíz de la crisis provocada por el coronavirus.

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