Mirar hacia atrás y hacia delante

M. Àngels Termes, editorial del núm. 10 de Galilea.153 «Iglesia (dis) capacitada».

Es conveniente mirar hacia atrás para ver cómo se ha avanzado en la integración de las personas con discapacidades sensoriales o de movilidad. Avances médicos, fisioterapéuticos, tecnológicos y mecánicos, y también la eliminación de barreras arquitectónicas, han ayudado a esta integración. Personajes públicos como Stephen Hawking o deportistas conocidos, que después de accidentes invalidantes han demostrado que es posible esta integración, han colaborado a ello.

Es conveniente mirar hacia atrás para descubrir que no hace demasiados años los hijos con alguna discapacidad intelectual se «escondían» en casa. Prevalecía, pienso yo, un sentimiento atávico y absurdo de culpa, como el que aparece en algún pasaje del evangelio (cf. Juan 9,2). O sencillamente influía el no saber qué hacer o pensar que nada se podía hacer. Por suerte surgieron padres que tuvieron claro que este no era el camino y se asociaron para romper aquella ocultación e ir adquiriendo visibilidad y derechos fundamentales, como por ejemplo el de la educación. Y también para que la sociedad se encargue de ellos, y no todo recaiga sobre las familias.

Es conveniente mirar hacia atrás para valorar el camino transformador realizado

Hay que mirar hacia delante como comunidad cristiana. ¿Acogemos a las personas con discapacidad? ¿Las incluimos en nuestras celebraciones? En este número buscamos respuestas y encontraréis experiencias vividas y propuestas que todos podemos poner en práctica.

Y todavía hay que mirar más allá. Los artículos de Rosa Blázquez y Germán López-Cortacans nos hacen descubrir que la vulnerabilidad, la debilidad, la incapacidad, la fragilidad y la dependencia forman parte de cada uno de nosotros. Por eso hemos titulado este número Iglesia (dis)capacitada porque todos los que formamos parte de ella tenemos nuestras capacidades y discapacidades. Y, como dice Isabel Cano, «todas las personas tenemos capacidades que hacer crecer a la Iglesia».

Y dando un paso más, os dejo con la última frase de la revista:

Las personas con discapacidad son hijos queridos de Dios, que nos conducen hacia Él y nos revelan el rostro de un Dios que, de una manera misteriosa, también tiene discapacidad.

Ana Berástegui y Jorge Úbeda
Sumario Galilea.153 núm. 10

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