Acogemos porque somos miembros

Artículo de Josetxo Vera, sacerdote de Pamplona y periodista

En los últimos años se ha desplegado ante nosotros un nuevo mundo, un mundo digital. Algunos han creído que era solo para los jóvenes o para las empresas o para los negocios. No es así. El mundo digital es un mundo para todos. En él viven y se relacionan, trabajan y se enamoran, se forman y se entretienen miles de millones de personas. Todos los días. Cada día.

Aunque muchos pensaron que se podría dejar pasar ese mundo digital sin implicarse en él por cuestiones de edad, de capacidad o de insolvencia tecnológica, lo cierto es que cada vez estamos más implicados. Incorporamos a nuestras vidas los móviles y las redes sociales y las aplicaciones porque se han hecho necesarias para vivir: para aparcar el coche, para buscar un taxi, para alquilar una habitación o un apartamento, para imprimir un calendario, para recordar una cita, para leer una novela, para mantener las relaciones personales, para enterarte de lo que está pasando, aquí cerca o muy lejos.

El éxito de una aplicación como whatsapp en personas de más de 65 años es una buena prueba de ello. No hay límites. Las aplicaciones han hecho el esfuerzo de hacerse más sencillas e intuitivas para llegar a más gente. Las personas han hecho el esfuerzo de seguir aprendiendo para incorporar a la vida nuevas comodidades y oportunidades, que de todo hay en el mundo digital.

Sin embargo, al mismo tiempo, ese mundo digital es lugar para los abusos, presencia de la soledad rampante, evasión de la realidad presencial por una realidad digital, ambiente para el egoísmo, para el utilitarismo. Allí también se sufre, hay personas reales que sufren realmente.

Para los cristianos esa omnipresencia del mundo digital es un reto, una oportunidad, una misión y una obligación. Si miles de millones de personas pasan ahí una parte de su tiempo, en ese lugar digital, y ahí experimentan las alegrías y los sufrimientos de su condición humana, junto a ellos tienen que encontrarse a la Iglesia que los acoge, que les tiende las manos, que busca hacerles llegar a ese mundo frío, el calor del amor de Dios.

Son muchos los cristianos que han establecido su tienda en el mundo digital. Para dar calor, para acompañar, para humanizar, para anunciar el amor de Dios. Ahí han creado lugares de encuentro, casas de acogida, hospitales de campaña. Allí también están instituciones religiosas, parroquias, congregaciones, diócesis.

No es fácil celebrar la fe a través de las redes sociales, pero sí es posible –y necesario– anunciar a Jesucristo en el mundo digital. Somos miembros unos de otros, también en internet y las redes sociales. Dios también nos envía a esta tierra nueva.

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