Nuestra esperanza

La esperanza de los cristianos está personificada en Jesús. La esperanza la podemos ver como un itinerario que atraviesa el viaje del ser humano que se siente amado por Dios.

Quiteria Guirao, directora. Galilea.153 julio-agosto 2021

En estos días nuestra esperanza la podríamos resumir en tener salud y trabajo. En el momento en que concebimos esta revista para el tiempo veraniego, nos animó el hablar de un tema sugerente: esperanza vs incertidumbre. Entramos en el segundo verano de pandemia lo que quiere decir que el mundo entero todavía está sufriendo las consecuencias del virus COVID-19. En la parte del mundo en la que nosotros nos encontramos vivimos esperanzadas en el tiempo nuevo que nace después de la vacunación. Hemos experimentado, después del sufrimiento tanto personal como colectivo, mayor incertidumbre, pero ahora se abre el camino a la esperanza.

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Memoria de una conversa

Cuánto nos queda aún para que todo nuestro ser, sentidos incluidos, «entre en el gozo del Señor»…

Dolores Aleixandre, Madrid

Pertenezco a la generación que vivió los primeros cambios del Vaticano II y que comenzaron por la liturgia: había que sacudirse las sandalias de tanto polvo de rituales arcanos y vestimentas extrañas. Había que desterrar también costumbres anquilosadas y nos pusimos a ello con entusiasmo.

Queríamos acercar la Eucaristía al Pueblo de Dios para que volviera a ser Pan roto y compartido que circulaba en la comunidad de hermanos y hermanas. No siempre supimos hacerlo con tino. Recuerdo celebraciones sin altar, sin mantel, sin ornamentos, sin velas, sin flores. Estábamos todos alrededor de una mesa con un plato y un vaso de la cocina, pan y vino normales y en alguna ocasión, hasta cenicero para que el celebrante pudiera fumar sin problemas.

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Metamorfosis

LI-TUR-GIA

Foto: Cahopic

(Dolores Aleixandre) Hasta la palabra misma empieza a resultar incomprensible para mucha gente y no digamos los objetos asociados tradicionalmente a ella. Lo demuestra esta historia reciente en un convento de la que atestiguo la veracidad: a la hermana sacristana, ya anciana, ha empezado a ayudarle una empleada joven que trabaja en la casa. Como es de esperar, no tiene ni idea de los aparejos litúrgicos, se hace un lío con los nombres que les da la monja y no sabe qué le está pidiendo que traiga, prepare, ponga o guarde. Continuar leyendo «Metamorfosis»