Lluc Torcal: contemplació i gestió respectuosa de la natura

«Una de las mejores maneras de conversión es a través de la gran virtud de la austeridad y la sobriedad»

M. Àngels Termes, entrevista

El P. Lluc Torcal es, desde 1995, monje del monasterio cisterciense de Santa María de Poblet, en la comarca de la Conca de Barberà, provincia de Tarragona. Fue prior entre los años 2007 y 2016, etapa en la que impulso un proceso, al mismo tiempo comunitario y personal, de conversión ecológica que nos explica, también, en esta entrevista.

Actualmente es Procurador de la Orden Cisterciense y vive en Roma. Mediante el correo electrónico nos ha respondido a las preguntas de esta entrevista, lo que le agradecemos profundamente. Físico de formación, su inquietud por la crisis ecológica la enmarca en la tradición monástica y el magisterio de la Iglesia.

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Naturaleza y Dios

M. Àngels Termes, directora

Este número de Galilea.153 quiere ayudarnos a tomar más conciencia de la fragilidad de la naturaleza que hemos recibido de Dios.

A menudo oímos hablar de ecología, pero es una palabra técnica que cuesta traducir a nuestra vida. En cambio, si nos hablan de no echar a perder los recursos naturales o de gestionar correctamente nuestros residuos… ya vemos que nos afectan.

La naturaleza nos abre a Dios

Por poco dispuestos que estemos, las maravillas de la naturaleza nos conducen a Dios: la grandeza de las montañas, la inmensidad del mar, las maravillosas estructuras moleculares que vemos a través del microscopio o la grandiosidad del cielo nocturno, nos abren el corazón a una inmensa acción de gracias al Creador.

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Joan Morera: transmitir la noviolencia de Dios

«El perdón es un salto en el vacío»

(Mercè Solé, entrevista / Marta Pons, video)

Joan Morera, un joven informático que un buen día se hizo jesuita, nos recibe una tarde soleada en Barcelona. Además es un conocedor de las lenguas bíblicas y de la noviolencia en la Biblia, ha estudiado en Roma y en Jerusalén. Su interés por la esencia y la gestión de los conflictos le ha llevado a vivir unos años en Tanzania. Desde hace un año, coordina un grupo de trabajo dentro de Cristianismo y Justicia para la noviolencia activa (NOVA).

El conflicto es inherente a la realidad humana

El conflicto más bien tiene mala prensa entre los cristianos…

A menudo partimos de una noción de paz que consiste en la negación de alguna realidad. El conflicto es inherente a la realidad humana: siempre lo hemos tenido, lo tenemos y lo tendremos. Por lo tanto, cuando partimos de una definición de paz positiva, que es la que no se estila, nos damos cuenta de que la paz se construye, de que para trabajar por la paz tal vez deberemos hacer un boicot, una denuncia o defender activamente a un colectivo que es víctima. Debemos dar a la paz el sentido que realmente tiene.

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¿Podrás perdonarme algún día?

(Galilea.153, Peio Sánchez)

Con Can you ever forgive me?, film reciente sobre una falsificadora que busca redención, introducimos esta reflexión sobre el perdón en el cine. Quizás el perdón y la espera en el más allá sean los dos rasgos antropológicos más radicales de la naturaleza humana. Propongo revisitar dos películas entre una inmensa gama de posibilidades.

Una historia verdadera (1999, David Lynch): camino de reconciliación

David Lynch bajo capa de surrealismo esconde a un humanista que se centra en lo pequeño y en las periferias. Un día leyó en un periódico que un anciano había recorrido 800 km en una máquina cortacésped para ir a ver a su hermano moribundo con el que estaba enfrentado. Los hermanos, en una historia tan antigua como Caín y Abel, se habían enfrentado y no se ven desde hace 10 años. Alvin decide hacer un viaje penitencial en busca de su hermano, mirando en la noche las estrellas y teniendo una serie de encuentros tan fortuitos como preciosos. Una joven embarazada huida de su casa, una familia hospitalaria, un cura en un cementerio, una mujer que mata un ciervo con su coche.

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Humildad y perdón

Editorial de la revista Galilea.153 número 7 dedicada al perdón como actitud de fondo.

(Editorial núm. 7, M. Àngels Termes)

El perdón como actitud de fondo

Este número de Galilela.153 lo dedicamos al perdón, al perdón como actitud de fondo. Hemos obviado el sacramento del perdón, aunque en algún artículo se hable de él, como el de Sergi d’Assís Gelpí. El artículo nos explica su experiencia como sacerdote que confiesa.

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Simbolizar, como mujeres, las etapas importantes de la vida

El paso de la niñez a la adolescencia para una niña, ¿cómo la acompañamos como familia, como grupo, como colegio, como comunidad?

(Paula Depalma)

Hace unos días, con algunas madres del colegio de mis hijos, veíamos la necesidad de simbolizar el paso de la niñez a la preadolescencia. ¿Qué es lo que hace que una niña se transforme en mujer? ¿Cuáles son los rasgos característicos de esta etapa? ¿Cómo la acompañamos como familia, como grupo, como colegio, como comunidad? Veíamos la importancia de hacer signos y ritos para acompañar, reconocer y dar empuje a una nueva etapa de la vida. Tirando del hilo de la conversación, nos preguntamos por qué no simbolizar también el momento que estamos viviendo las mujeres adultas, o lo que viven nuestras madres, muchas de ellas ya cercanas a la ancianidad.

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Mujeres libres y felices

(Equipo de redacción de la revista Galilea.153)

No nos engañemos. Este es un tema delicado para tratar hoy dentro de la Iglesia. Delicado porque una de las transformaciones sociales más profundas del pasado siglo ha sido el protagonismo creciente de las mujeres, ganado a pulso en el día a día, mientras que el discurso oficial de nuestra institución eclesial en relación al papel de las mujeres apenas se ha movido de donde estaba, incluso después del Concilio. Y delicado también porque algunas de las reivindicaciones feministas más emblemáticas, sobre la sexualidad, el divorcio y el aborto han entrado en conflicto directo con el fondo de la doctrina católica, al menos tal como está formulada.
Como la redacción del CPL (M. Àngels, Toni, Quiteria, Maria y yo misma) somos así de atrevidos, hemos pensado que en este número, en lugar de entrevistar a alguna persona relevante, nos iría muy bien compartir reflexiones y propuestas, que aquí transmitimos.

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Desterradas hijas de Eva: mujeres en el cristianismo primitivo

En el cristianismo primitivo la mujer tuvo protagonismo en las comunidades locales.

Ilustración de Ignasi Flores para el libro de Fernando Rivas Santa Olímpia. Noble cristiana y diaconisa. Colección Santos y Santas, CPL 2018

(Fernando Rivas Rebaque)

Se podría resumir el papel de las mujeres dentro del cristianismo primitivo en tres momentos: 1) protagonismo inicial (finales del siglo I), 2) progresiva domesticación (siglos II y mediados del III), y 3) paulatina exclusión y marginación (finales del siglo III en adelante).

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Una mujer que camina

(M. Àngels Termes, editorial núm. 6)

A menudo, mirando el telediario, pienso en la suerte que he tenido al nacer en el siglo XX y en un país occidental. Porque las noticias de la situación de la mujer en muchos países en estos momentos, sencillamente, estremecen. Y también, por poca historia que se sepa, ves que tiempo atrás aquí también pasaba más o menos lo mismo.
Si miro a mi familia, y solo desde el punto de vista de la cultura, observo la evolución:

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La Eucaristía, misterio de comunión

(Joan-Enric Vives, arzobispo-obispo de Urgel) Muchas veces cuando empiezo la celebración eucarística en una parroquia de mi diócesis, y especialmente en las pequeñas parroquias del Pirineo, siempre les ofrezco un breve pensamiento para que se percaten de que aquella celebración que cada domingo alimenta y celebra nuestra fe, en la que podría parecer que somos pocos y que estamos aislados, de hecho nos une con toda nuestra diócesis, y nos une a la Iglesia universal, la de la tierra y la del cielo, para hacer realidad nuestra comunión de hijos con Dios, y entre nosotros. Es un misterio de presencias y de comunión muy bonito, si conseguimos vivirlo, ayudados de la imaginación activa que es la oración, como enseña el obispo y teólogo Teodoro de Mopsuestia (350-428): «Nos hemos de representar interiormente, con la imaginación, que estamos en el cielo». En este mismo momento, en este domingo –les digo–, todos los cristianos del mundo nos estamos reuniendo para celebrar con gozo el domingo, el día de la Resurrección. Sea en una gran catedral de Europa, o en una residencia de ancianos de América, en una pobre iglesia rural de África, en un centro penitenciario de Australia o en un modesto local de Asia… somos la Iglesia santa, que alaba a su Señor porque ha resucitado y le envía el Espíritu Santo.
La Eucaristía dominical es el don más grande que nos ha hecho el Señor. Uno puede regalar cosas, o parte de su tiempo o de su vida… pero no hay amor más grande que el que da todo lo que uno es y tiene y puede. Y esto hizo el Señor en la última cena, se nos dio como alimento de vida eterna. Por el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre nos hace uno con él, como un cuerpo que está unido a su Cabeza que lo vivifica y santifica.
Estamos llamados a vivir y a ayudar a vivir esta comunión misteriosa con toda la Iglesia diocesana, las parroquias y todo el Pueblo de Dios. Todos unidos por un mismo altar y escuchando la misma Palabra de Dios, unidos por un mismo sucesor de los apóstoles, el obispo, con su presbiterio. Sentimos en nuestro interior que la Iglesia universal está con nosotros y nosotros con ella, presididos por el servicio del Papa, sucesor de Pedro, garante de la unidad. Con todos los hermanos del mundo, con sus oraciones y sacrificios, servicios y dificultades. Y abrimos la comunión a la Iglesia celestial, porque todos los santos y santas de Dios, con María, la Madre del Señor la primera, nos acogen y vienen a alabar al Padre, por Cristo, en el Espíritu Santo. Toda la santa Iglesia se reúne en nuestra humilde celebración que es «el cielo en la tierra», comunión con la liturgia celestial.