Un jubileo para la tierra

5 años de la Laudato si´.

Alexander Antropov a Pixabay

Grupo ecología y justicia, de Justicia y Paz

La pandemia de la Covid-19 ha puesto de relieve sobre todo la vulnerabilidad humana. Ante las ilusiones poshumanistas que prometen, incluso, un horizonte de inmortalidad, la pandemia ha evidenciado que, a pesar del progreso, nuestra fragilidad sigue siendo radical. Lejos de la omnipotencia del superhombre que pretende haber matado a Dios.

El redescubrimiento de la interdependencia de toda la humanidad tampoco es menor. Ni el poderoso y soberbio primer mundo ha sido inmune a la transmisión de la enfermedad. Ciertamente tampoco podemos decir que la pandemia nos haya hecho del todo iguales. El estigma de la desigualdad ha continuado y la estadística confirma que la pobreza siempre es un hábitat que multiplica la devastación de cualquier catástrofe natural.

Las necesidades del planeta

El confinamiento para combatir la pandemia también ha sido revelador. A todos nos ha sorprendido la rapidez con la que las otras especies vegetales y animales recuperaban el terreno que los humanos abandonábamos al recluirnos en las casas. La naturaleza ha vivido una primavera excepcional.

También el aire que respiramos ha mejorado con gran celeridad cuando hemos dejado aparcados los coches y ha disminuido la circulación del transporte público, de los aviones y de los cruceros.
¿Realmente tenemos que volver a lo que denominábamos normalidad? No deja de ser una forma de vida desequilibrada incluso suicida en muchos sentidos.

Con el repentino parón de la mayor parte de la actividad económica también hemos experimentado un decrecimiento forzado, temporal pero profundo. Hemos constatado los inmediatos beneficios medioambientales de ello pero también los efectos económicos devastadores sobre determinadas capas de la población.

Esto nos debería alertar de manera especial. El planeta necesita que detengamos el crecimiento, lo que debería implicar, al menos en los países ricos, decrecer. El decrecimiento puede ser voluntario y regulado, asegurando que no haya descartados. Pero si el decrecimiento es forzado por un colapso de la economía puede tener nefastas consecuencias sociales. La superación de la crisis económica poscovid es un banco de pruebas.

5 años de la Laudato si´

En este contexto, se celebra el quinto aniversario de la encíclica Laudato si’ del papa Francisco. Un texto que alerta sobre la crisis socioambiental que vivimos la humanidad y el planeta donde habitamos. Y una propuesta de superación de esta crisis que debe pasar por la conversión personal hacia lo que Francisco denomina una ecología integral.

No puede ser más oportuno volver a los planteamientos de la encíclica. Con mayor motivo cuando ha tenido una recepción demasiado superficial dentro de la propia Iglesia. El Papa debe ser consciente de ello. Ha propuesto celebrar todo un año Laudato si’, hasta el 24 de mayo de 2021. Un año para promover esta conversión con un compromiso tanto personal como comunitario que sea capaz en siete años de alcanzar una transformación real hacia la sostenibilidad de familias, escuelas, diócesis, parroquias o instituciones de todo tipo. Se nos propone vivir un auténtico jubileo de la tierra. ¡El jubileo de la casa común!

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