Cuando el Padre nos invita

Entrevista de M. Àngels Termes para Galilea.153 núm. 10 «Iglesia (dis) capacitada». Fotografías: Antoni M. C. Canal, Mataró

Nos hallamos en Mataró, en el piso donde vive la familia Tuneu Recasens: Miquel e Immaculada, con Marc, su hijo.

Marc tiene ganas de iniciar la conversación

Me llamo Marc Tuneu Recasens, de 43 años. Tengo un 53% de incapacidad intelectual. Parece ser que por el síndrome de Usher, igual que mi madre, pero con manifestaciones distintas.
Fui al colegio y a los 10 años ya iba y volvía solo a pie. También he hecho catequesis, hasta la confirmación a los 17 años. Después grupos de posconfirmación, Iglesia joven… He jugado a fútbol y baloncesto, voy al gimnasio y desde 1996 participo en la colla castellera de los Capgrossos, de Mataró.
Trabajo en el Centro Especial de Ocupación (CEO) de la Fundación Maresme. He hecho de carpintero, de jardinero, de pintor, he montado muebles… ahora trabajo de mantenimiento, recorro los centros que tiene la fundación y arreglo lo que sea preciso: internet, ordenador, pasar cables, tuberías, lavadoras…

Ahora interviene Immaculada

Yo no veo ni oscuro ni claro, estoy deslumbrada completamente. Parece ser que por el síndrome debido a rubeola congénita. El síndrome afecta la parte genética, y el hijo varón de una portadora puede tener discapacidad intelectual. Pero cuando Miquel y yo nos casamos, nadie nos dijo nada… eran otros tiempos.
Trabajé en diversas ocupaciones, la última vendiendo cupones de la ONCE, pero enfermé de bronquitis espástica y tuve que dejarlo. Entonces Marc ya había empezado a trabajar y yo consideré que si yo no trabajaba, y ellos sí, debía llevar la casa.

Si la vida fuera fácil los que seríamos vegetales seríamos nosotros, porque no maduraríamos y no creceríamos. Y crecemos con aquel Amigo que tenemos siempre junto a nosotros. Este es el mayor gozo.

Immaculada Recasens

La ilusión de mi vida era ser asistente social

A los veintiséis años fui a un cursillo de rehabilitación de tres meses y medio de la ONCE en Castellarnau. Conocí gente de toda España, también del extranjero, y aún mantengo contacto con alguna. Veías que la gente te necesitaba, y que podías ayudar. Yo ya sabía braille i el profesor me pidió que ayudara a los que no sabían… Una experiencia buenísima.
Después aprendí a ser muy tolerante cuando vendí cupones. Entendí a gente muy diversa, su manera de vivir, traté con gente de color, con magrebíes… y la gente me apreciaba mucho.
Y hace 12 años que empecé a llamar a un programa de Mataró Radio. Yo me planteé que debía evangelizar. Nosotros estamos en este mundo para hacer felices a los demás. Yo no puedo ir al hospital a consolar, porque necesito a alguien que me acompañe –cada vez estoy más sorda, tengo vértigo… y no puedo ir sola–. Y pensé que yo debía decir públicamente que nos tenemos que amar y que debemos ser felices. Y de aquí vino la idea de llamar a la radio. A veces digo que soy creyente, pero no siempre… pero sí digo que nos tenemos que amar mucho, que tenemos que vivir en paz, que debemos tener mucha vida interior, contemplar la naturaleza, que si hemos hecho algún daño debemos disculparnos… Se han creado lazos con gente muy distinta.

Mi ilusión era ser asistente social, como no pudo ser, ya veis que tengo mi propia agencia de asistencia social.

Piano, órgano, comunidad cristiana

imma Recasens, tocando el órgano de la parroquia de San José en Mataró.

Mi vida es la música. Estudié piano hasta los 35 años. De pequeña iba a misa para escuchar el órgano, porque de la misa no entendía nada. Cuando tenía dieciséis años entré en el coro de la parroquia y el párroco me preguntó si podría tocar el armonio. Y le dije, y de las partituras, ¿qué?, y me contestó «ya te las dictaré». De este párroco aprendí muchísimo. Me enseñó el sentido de las lecturas, del evangelio… de una forma fantástica.
Después he participado en un grupo de profundización de las lecturas y de preparación de homilías. Me rebelo cuando oigo hablar del castigo de Dios. Dios es perfecto, y en una cosa perfecta no cabe nada malo, todo es bueno. 

Debería hacerse una misa única que reuniera a toda la comunidad. Y deberíamos bajar del pedestal, y hacer las cosas más alcance de todos.

Miquel Tuneu

En el año 67 empecé a acompañar las misas, me dictan las partituras, o las aprendo de memoria. ¡Hace más de 50 años! Marc interviene: a mí me pidieron vigilar la parroquia los sábados por la tarde, también llevo la comunión a la organista, llevo los libros y otras cosas al altar…

La comunidad es una familia

Lo que falta a las comunidades es hacer una misa comunitaria. Actualmente, que somos poca gente, creo que debería hacerse una misa única que reuniera a toda la comunidad. Y debemos bajar del pedestal, y hacer las cosas más alcance de todos. Debería ser una liturgia más simplificada, que la gente pudiera participar más.
La comunidad cristiana tenemos a Jesús que nos invita a sentarnos a su mesa, rememoramos la última cena y vivimos la Eucaristía. Para hacer esto, debemos ser toda la familia, y debemos ir a la hora que el Padre nos llama, a la hora que el Padre está dispuesto a recibirnos a todos, a la hora que vaya mejor a todos, pero es la hora en la que el Padre nos invita.

Vamos a una fiesta

Tenemos que tener claro que estamos en un convite, en una fiesta, no vamos allí a sentarnos y aburrirnos, vamos a una fiesta. Debemos ponernos esto en la cabeza. Aunque seamos pocos, y cada vez seremos menos, dar este mensaje: que ir a misa nos hace ilusión. Es una fiesta.
Ahora yo tengo a Jesús junto a mí, él vive conmigo, yo vivo con él, él sabe lo que hago, Dios penetra mis pensamientos. Y esto nos va abriendo, va trabajando nuestra vida interior, nos hace crecer. En el momento del tránsito no esperemos que Dios nos perdone… no: si Dios es perfecto, ya nos ha perdonado, Dios no castiga.

Debemos agradecer siempre, siempre, a Dios la inmensa suerte de tener un hijo como Marc, de haber tenido que luchar tanto para avanzar

Immaculada y Miquel

Agradecer a Dios la familia

La decisión de Miquel de ser diácono –hace dieciséis años que lo es– se compartió mucho en casa. Lo primero que hicimos fue decírselo a Marc.
Nosotros pensamos que Dios nos tiene mucha confianza porque nos ha enviado a Marc. Él nos ha enseñado a ser felices, a valorar las pequeñas cosas, su mundo nos ha ido empapando a nosotros y, por tanto, debemos agradecer siempre, siempre, a Dios la inmensa suerte de tener un hijo como Marc, de haber tenido que luchar tanto para avanzar… Cuando tenía cuatro años nos dijeron que sería como un vegetal, y Marc de vegetal no tiene nada, Marc es un gran luchador.

Muchas veces nos quejamos por nimiedades… De disgustos hay muchos, y cosas graves pasan muchas, pero así es la vida. Porque si la vida fuera fácil los que seríamos vegetales seríamos nosotros, porque no maduraríamos y no creceríamos. Y crecemos con aquel Amigo que tenemos siempre junto a nosotros. Este es el mayor gozo.

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