Crear vínculos, acogernos mutuamente

Con Teresa Piella, Maria Arrese y Corneliu Petras hablamos del Espacio Rosalía Rentu y su papel en la acogida en el barrio del Raval (Barcelona)

Desde hace siete años, cada noche, haga frío o calor, sea Nochebuena o cualquier verbena, un grupo de personas voluntarias se encuentran en el barrio del Raval de Barcelona, en el Espacio Rosalía Rendu, hacen una pequeña lectura y reflexión en común, y salen de dos en dos para encontrarse con las personas que duermen en la calle.

Estos encuentros, que poco a poco generan relaciones más o menos estables entre las personas, están desprovistos de efectos prácticos: no pretenden resolver la situación de las personas sin techo ni facilitarles todo lo que a veces nos parece una necesidad perentoria. Quieren, sencillamente, crear vínculos, unos vínculos que después pueden facilitar el acceso a los recursos que hagan falta, pero que de entrada son, sencillamente, un reconocimiento mutuo y una aproximación entre personas.

«Vincles» («vínculos», en catalán), un proyecto de la Fundación Social de las Hijas de la Caridad, es el pretexto para sostener esta conversación que mantenemos con Maria Mullet y Maria Arrese, Hijas de la Caridad, Teresa Piella, voluntaria, y Corneliu Petras, huésped de Arrels, una entidad social del barrio, y vecino del Raval, aunque su vecindad pasa por haber dormido en la calle durante muchos años.

Ser alguien para alguien

Corneliu nos explica que conoció «Vincles» a través de un compañero, cuando dormía detrás del mercado de la Boqueria: «Cuando duermes en la calle se dirigen a ti personas de todo tipo y te pasan cosas buenas, pero muchas malas. Hay quien bebe mucho, hay quien se droga con maría, coca, heroína… También los hay que buscan pelea. Cada uno hace su vida. Aprendes a conocer a las personas».

Él tiene muy presente una persona que ha sido clave, tanto en su propio proceso, como en el desarrollo del proyecto «Vincles». La hermana M. Àngels Segalés, una religiosa que ha vivido durante muchos años en la calle, en las mismas condiciones que los sintecho, y que, en contacto con las Hijas de la Caridad y junto a otras instituciones, ha promovido esta entidad. En ella se pretende crear vínculos y poner las condiciones para que las personas que viven en la calle recuperen la capacidad de ser alguien para alguien. También encontrar la motivación para buscar salida a su situación.

Este proyecto quiere crear vínculos y poner las condiciones para que las personas que viven en la calle recuperen la capacidad de ser alguien para alguien, y la motivación para buscar salida a su situación.

Así pues, «Vincles» basa su actuación sobre todo en la relación interpersonal, y dispone de un pequeño local (cedido también por las Hijas de la Caridad) en el Raval. Tiene algunas camas y espacios agradables para tomar un café, charlar un rato o echar una partida, y también una ducha para emergencias.

Ir al ritmo de las personas

«A mí “Vincles” me ha transmitido sobre todo esperanza. Te sientes más persona si hay alguien que te conoce y te saluda desde el respeto», dice Corneliu. «Es un proceso que puede ser muy largo –añade Maria Arrese– porque los hay que no tienen ganas de hablar, y hay que respetar el ritmo y la manera de ser de las personas. La idea de “Vincles” surgió porque observamos que, incluso en momentos de mucho frío, muchos sinhogar se resisten a ir a los albergues y se niegan a subir a la furgoneta que les podría llevar a un lugar menos inhóspito que la calle».

Algunos de estos lugares resultan incómodos, pero lo son sobre todo porque cuesta mucho acudir a ellos si no te espera ninguna cara amable o conocida. Es preciso un espacio accesible, donde todo el mundo, aunque prefiera más vivir en la calle, pueda acudir en caso de necesidad porque no se encuentra bien, porque llueve mucho o porque se ha peleado con alguien. Crear vínculos, desde la libertad, favorece el uso de estos espacios.

Es un punto de arranque que puede permitir trabajar algunas cuestiones como la salud. «Me hubiera resultado muy difícil salir de mi pancreatitis sin “Vincles” –dice Corneliu–. “Vincles” es un espacio de confianza, de tranquilidad, que me permite programarme las cosas y velar por mi salud».

Comenzamos ofreciendo conversación. Lo hacemos de dos en dos, porque nos ayudamos mutuamente para conectar de la mejor manera con la gente de la calle. Pasado un tiempo, si la persona tiene un perfil adecuado, le ofrecemos venir al espacio de «Vincles».

Son procesos largos, explican Teresa y Maria Arese, que no deben forzarse. «Empezamos ofreciendo conversación. Lo hacemos de dos en dos, porque esto nos permite, a los voluntarios, complementarnos. A veces hace falta alguien más enérgico, o más dulce, o un hombre o una mujer, o alguien joven o alguien mayor. Nos ayudamos mutuamente para conectar de la mejor manera con la gente de la calle. Pasado un cierto tiempo, si la persona tiene un perfil adecuado, le ofrecemos venir al espacio de “Vincles”».

En «Vincles», además de los ochenta voluntarios que colaboran, hay también algunos profesionales, que actúan como puntales y que están durante el día.

«Esto del perfil es complicado –dice Maria Mulet–. Nos costó mucho llegar a unos criterios comunes porque la realidad social con la que nos encontramos es muy diversa, pero sobre todo tenemos muy en cuenta que hay que actuar siempre con mucha flexibilidad y poniendo en el centro a la persona».

Salir al encuentro del que, solo, no vendrá

Las dos Marias, Hijas de la Caridad, sienten que en este proyecto late el corazón de san Vicente de Paúl. «Nuestra congregación ofrece muchos recursos sociales. Pero la hermana Genoveva Massip, una persona muy conocida en el barrio de la Barceloneta, siempre nos decía que teníamos que ir más allá de atender a los que nos llegaban: debíamos ir al encuentro de los que no vienen. Hay tres frases muy inspiradoras de Vicente de Paúl. Decía siempre que los pobres que ni tan solo saben adónde van eran su peso y su dolor. Decía que cuanto más sucios y desagradables se mostraban, más necesario era hacerlos sentir tu amor y que solo por el amor es posible el perdón».

Este espacio, las religiosas lo sienten muy ligado a la persona de Rosalía Rendu, una Hija de la Caridad que hace 200 años ya trabajaba, con universitarios, en este sentido. De hecho, a la entrada del recinto, hay un pollete que quiere significar este espacio de encuentro: un lugar donde dos personas pueden sentarse para conversar.

Nos resulta inimaginable ver un determinado rincón de la plaza, sin pensar en la persona que duerme allí, en su nombre, en su historia.

Rosalía Rendu también insistía en el aspecto de la sensibilización, que hoy, como se manifiesta en nuestra conversación, tiene que ver con las políticas sociales y económicas. Hacerse consciente de las consecuencias de determinadas políticas es, por tanto, uno de los efectos que tiene «Vincles» en las personas que participan.

A horas intempestivas

Teresa, enfermera en activo, ama de casa, madre y abuela, viene de Granollers a Barcelona dos veces al mes, a las 9 de la noche, para hacer su voluntariado en «Vincles». «Cuando vengo, seguimos con la persona que me acompaña la ruta que nos indican y nos vamos encontrando con la gente, respetando la fragilidad y la situación de cada uno. Yo ya había hecho de voluntaria hospitalaria, pero valoro mucho esta tarea de “Vincles”».

«Resulta sorprendente –dice Maria Arrese– como poco a poco cada una de estas personas va encontrando un espacio en tu interior. Ya nos resulta inimaginable ver un rincón determinado de la plaza, sin pensar en la persona que duerme en él, en su nombre, en su historia. Una vez, en unos ejercicios espirituales, me dediqué a contarlas, y recordaba y localizaba perfectamente ¡más de 80 personas!».

Todos están de acuerdo que los voluntarios forman un grupo bien cohesionado y muy diverso: abogados, estudiantes, algún policía, gente mayor, gente joven, hombre, mujeres (en un porcentaje equilibrado, cosa no muy habitual). Y todos han tomado conciencia de que en la vida puedes tenerlo todo… o puedes dormir en la calle. Nadie tiene la seguridad que esto no le acabe pasando a él. Cada uno tiene su propia filosofía de vida, no todos son cristianos.

El trato con los marginados nos evangeliza, nos ayuda a crecer, a ser humildes, más pobres y más cercanos. Descubres la impotencia. Tal vez no podemos hacer nada humanamente, pero sí confiar que algo florece, aunque parezca escondido… Ellos son los maestros en el camino de la esperanza.

Genoveva Massip

Corneliu interviene para decir que justamente es muy importante esta diversidad y que él mismo es cristiano ortodoxo y siempre se ha sentido bien acogido. «“Vincles” también es el lugar donde he podido conocer a Maria Mulet, que es una persona a quien prácticamente considero mi madre. Durante mucho tiempo pensé que quería morir y me entretenía pensando con que pastillas lo haría. “Vincles” me ha devuelto la esperanza y las ganas de vivir. “Vincles” es vida gracias a Maria, a Jordi, a M. Àngels».

Y es que la acogida, reconocen los cuatro al acabar la conversación, es sobre todo acogida incondicional y sin juzgar, es espacio donde florece la relación y donde arranca el futuro.

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