Montserrat Salgado, en un equipo de liturgia

(Mercè Solé, entrevista / Marta Pons, vídeo) Con Montserrat Salgado, enfermera recientemente jubilada, nos conocimos hace un año, cuando el CPL concedió a la parroquia de Santa Eulalia de Vilapicina, y a su equipo de liturgia, el IV Memorial Pere Tena de Pastoral Litúrgica. Ella es precisamente la coordinadora de este equipo de liturgia, que representa bien el trabajo de tantos equipos que cada domingo velan por la calidad de las celebraciones litúrgicas y para que todas las personas que participan en ellas puedan vivirlas con plenitud desde sus circunstancias.
Montserrat nos recibe un día de cada día en su parroquia, cuando faltan pocos minutos para que dé comienzo la misa. Es una parroquia que está situada en un punto donde confluyen muchos caminos. Por eso las Eucaristías, incluso las diarias, suelen contar con un numeroso grupo de hombres y mujeres.

¿Cómo has llegado a este servicio?

Yo era la típica persona que cuando me pedían que leyera o que hiciera cualquier otro servicio, decía: «No, no, que no lo he hecho nunca». Comencé atreviéndome a hacer alguna lectura y ahora incluso dirijo los cantos. Desde hace tres años soy la coordinadora del equipo.
Somos un grupo de unas 20 personas, que trabajamos con el párroco, para preparar todas las celebraciones, principalmente la Eucaristía, que es el centro de la vida cristiana.

¿Cuál es vuestra tarea?

En cada misa intentamos contar con un monitor, que también se ocupa de buscar lectores y de alguien que haga la colecta. Cuando la preparamos, procuramos también garantizar que haya espacios de silencio, para que todo el mundo que entre en la iglesia pueda vivir este encuentro con Jesús, tanto individual como comunitario, que es lo más importante de la comunidad parroquial. Queremos que las celebraciones sean significativas para todos.

¿Cómo lo hacéis?

En diciembre del año pasado, después de unas extensas reformas, se hizo la dedicación de la iglesia con todos los ritos que le son propios. Hicimos una catequesis previa para explicar a la comunidad por qué se hace la aspersión con agua bendita, y por qué se unge el altar; qué significa el incienso, qué significado tiene la luz. Hemos comprobado que la gente lo captó y ello ha servido no solo para aquella celebración, sino también para profundizar en la vida cristiana. A veces, en misa, se hacen cosas que la gente no entiende. Y es una lástima.
Otro aspecto por el que velamos son los cantos. Hay que procurar que sean unos cantos apropiados con las lecturas y los tiempos litúrgicos, y para que la gente pueda cantarlos con facilidad, porque es una buena forma de participación y de crear sentido comunitario. Si la gente canta, ves que es una comunidad viva y que se implica. Agradezco al CPL la publicación de Misa Dominical, que nos proporciona una guía muy útil. Intentamos, siempre que es posible, cantar el salmo, porque es una buena manera de darle relieve.
Para los animadores de canto son muy estimulantes los encuentros que se organizan desde el monasterio de Montserrat. La convivencia estimula y aprendes también cuestiones más técnicas para ayudar a la gente a participar. Siempre teniendo en cuenta que no eres tú la protagonista, sino que debe serlo la asamblea.

¿Cómo se organiza el equipo de liturgia?

Acabamos de comenzar con un nuevo párroco y hemos acordado reunirnos dos veces cada trimestre. Comenzamos con una oración, dedicamos un buen espacio a la formación, revisamos cómo va nuestro trabajo, teniendo en cuenta, en los tiempos fuertes, cómo fue el año pasado, y acordamos qué hacer. La formación es importantísima. Echo de menos un espacio para compartir esta tarea del equipo de liturgia con otras parroquias, porque seria una buena oportunidad para aprender mutuamente de la experiencia de los demás.

¿Llegáis a toda clase de personas?

Sí y no. Conseguimos llegar bien a las personas adultas, pero nos cuesta mucho más conectar con niños y jóvenes, a pesar de tener una misa familiar, y grupos de catequesis de primer y segundo cursos, grupos Life Tenn para adolescentes, y grupos de jóvenes. Pero en general el lenguaje litúrgico les resulta poco comprensible y poco significativo. Es una cuestión general dentro de la Iglesia. Y es que los jóvenes han recibido una educación muy diferente a la nuestra y se comunican también de forma muy distinta a nosotros.

¿Cómo hacer que los jóvenes participen más activamente en misa?

Procuramos que se sientan protagonistas y les ofrecemos pequeños servicios, pero lo que se necesita sobre todo es formación e interiorización de la fe y de la oración, para que sientan toda la celebración como propia.

Para acabar, ¿qué recomendación nos harías?

Creo que hay dos cuestiones que hay que tener especialmente presente: que la comunidad lo sea de verdad, es decir que como mínimo se comunique, se salude, se sienta acogida; y que todos puedan disponer de una formación litúrgica adecuada.

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