Josep M. Romaguera: la liturgia es un don

(Mercè Solé) Josep M. Romaguera, además de ser el presidente del Centre de Pastoral Litúrgica, es párroco de una parroquia en Hospitalet (Barcelona), la de Santa Eulalia de Mérida, y consiliario de movimientos especializados como la JOC (Juventud Obrera Cristiana). Ha sido unos años consiliario del equipo internacional, CIJOC, lo que le ha llevado a viajar por todo el mundo para conocer de primera mano los grupos de jóvenes cristianos y trabajadores.
Nos recibe, una mañana, en la parroquia, que nos enseña, orgulloso del trabajo que aquí realiza la gente. Vemos el rincón de la catequesis (¡qué bien saben las catequistas expresar en murales el trabajo y los anhelos de los niños y niñas, de los padres y de ellas mismas!), y vemos los espacios litúrgicos. Unos espacios muy cuidados y pensados para la gente. Desde la baranda que permiten a las personas que ya no tienen suficiente agilidad subir al ambón de la Palabra, a la capilla de Santísimo donde la Biblia tiene un espacio muy accesible para todo aquel que la quiera leer, o a la pantalla y los milagrosos mandos a distancia que facilitan que todos, desde su lugar, puedan añadirse a las oraciones o a las respuestas de la misa, o seguir los cantos, o enterarse de los avisos parroquiales.

Comenzamos nuestra conversación con la pregunta de qué es la liturgia

La liturgia es la acción de la Iglesia reunida, en nombre del Señor. La liturgia es un don. Dios se nos da, nos da su gracia. Y nosotros expresamos el núcleo de nuestra fe. Dios toma la iniciativa, aprovecha este sacramento para darnos su perdón, para manifestarse a través de esta acción que nosotros mismos ponemos a su alcance. Dios nos habla, se nos comunica, nos ama, en definitiva.

¿Cómo se puede vincular lo que vive la gente en su vida cotidiana con lo que celebramos en la Eucaristía?

La vida debería estar de forma natural en la liturgia, en la medida en la que cada uno lleva en su corazón, en la memoria, lo que está viviendo, lo que ha vivido aquella semana. ¿Cómo se expresa? Hay algunos medios, como la oración de los fieles. Pero me parece que este vínculo entre vida y celebración no depende tanto de añadir cosas al ritual sino de cómo vivimos la vida cristiana y, también, de cómo los pastores de la comunidad vamos acompañando a las personas que la forman a lo largo de la semana. Si este acompañamiento es constante, está vivo, hecho con el corazón, la liturgia reflejará de forma natural la vida.
Por otra parte, pienso que en nuestro ambiente social y cultural tenemos un problema que nos supera un poco y es que no acabamos de asumir que la liturgia es un acto gratuito, un don. Parece que nos tenga que interesar en la medida que se hable de nosotros, cuando el objetivo sería que la palabra de Dios y el don de Dios que en ella se expresan los recibiéramos como luz y como alimento de lo que vivimos cada día. Hay que hacer una liturgia expresiva de lo que vivimos, pero debemos educarnos para redescubrir que en la liturgia celebramos algo que no viene de nosotros, sino de Otro.

¿Cuáles serían, por tanto, los retos de la liturgia?

Pues eso mismo que ahora os comentaba: que los que participamos en la liturgia la vivamos como algo propio, y lo que en ella se produce lo recibamos como un regalo personal y comunitario.
Esto no significa hacer muchas cosas, significa más bien que nuestra vida cristiana esté unificada, que integre vida y oración: ¿cómo expresamos nuestro encuentro con el Resucitado? ¿Cómo lo vivimos en el día a día? No ha ayudado mucho vivir la liturgia como un precepto, como una obligación, en lugar de vivirla como un espacio donde recibimos la gracia de Dios, su luz, su amor, su fuerza.
A menudo, a los cristianos que nos encontramos en pequeños grupos (de revisión de vida, de oración, de reflexión cristiana), nos resulta más fácil experimentar esta luz en nuestras reuniones…
Seguramente en la liturgia no se deja espacio para la expresión de los sentimientos, lo que tiene sus ventajas, para que la liturgia de todos no se convierta en un espacio sentimental o en una suma de experiencias personales. Es una cuestión de equilibrio. Si tenemos la suerte de disponer de un equipo de vida, de una comunidad reducida donde compartir de forma más completa lo que vivimos, tal vez también nos ayudará a vivir mejor la Eucaristía que, en comunidades más grandes, no permite a todos compartir lo que hemos vivido.

Las celebraciones parroquiales las preparáis con un equipo de liturgia. ¿Cuál es el papel de este equipo?

La función de un equipo de liturgia depende de muchos factores: de las personas que hay y de la actitud de sus pastores. En la parroquia, el equipo de liturgia es invisible, en el sentido de que se ocupa de que las celebraciones funcionen, que haya quien haga los servicios litúrgicos que cada celebración requiere: las lecturas, los cantos, las ofrendas; que estén a punto los materiales que se proyectarán para que la gente pueda seguir mejor la Eucaristía… De manera que mucha gente pueda participar en ella y de forma que los servicios se hagan lo mejor posible. La formación es importante, para que todos juntos comprendamos mejor qué estamos haciendo y qué nos jugamos en este servicio.
Tu tarea de consiliario de la CIJOC ha hecho que conocieras comunidades cristianas de todo el mundo. ¿Cómo se expresa la liturgia en esta diversidad?
He encontrado dos tipos de diversidad. La diversidad cultural, que hace que una misma liturgia resuene de forma muy distinta, y la diversidad en la manera de entender la liturgia. Ambas diversidades son un estímulo interesante y necesario, porque al fin y al cabo, a pesar de las diversidades, todos celebramos lo mismo.
He visto que no todo el mundo ha tenido a su alcance una formación sobre el tema. Hay quien siempre ha vivido una liturgia muy tradicional y la vive de forma natural sin ningún problema, y hay quien busca un lenguaje más participativo.
Esta segunda actitud es muy propia de los movimientos juveniles, donde intentamos atraer la participación de los jóvenes a partir de darles el protagonismo. Está bien, pero entonces corremos el peligro de olvidar que la liturgia es un don. No nos podemos dejar llevar por un sentido superficial de la palabra participar. Corremos el riesgo de perder la gratuidad.

¿Qué aportación hacen y pueden hacer las nuevas tecnologías a la liturgia?

Las nuevas tecnologías, como las viejas, son sencillamente un apoyo que no debe tomar protagonismo. El protagonismo lo deben tener las personas y el rito en sí mismo. En ciertos momentos, un misal o un cantoral han hecho participar mejor a las personas en la liturgia. Hoy, la proyección en la pantalla permite, por ejemplo, que quien viene a una celebración esporádicamente pueda recordar y recitar el padrenuestro o las respuestas de la misa. Estos medios ayudan a crear asamblea. Ahora son estos, mañana, quizás, serán otros.

¿Qué esperas de Galilea.153?

Esperamos que sea un instrumento más para difundir la liturgia, el sentido, la formación, qué lugar ocupa la liturgia en nuestras vidas, y sobre todo que sea un espacio donde compartir experiencias, un lugar que nos estimule a aprender y a entender que la liturgia es un espacio central en nuestras vidas.

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