Ecología y ejercicios espirituales

Experiencia hecha en la Cueva de Manresa en clave ecológica

Llorenç Puig, jesuita

La Laudato si’ ha sido un gran impulso en la toma de conciencia de los católicos de la necesidad del cuidado de la creación y de nuestro entorno.

Pero la fuerza y la ambición del mensaje del Papa va más allá: él habla, en todo un apartado de la encíclica, de «conversión ecológica»: «Debemos hacer la experiencia de una conversión, de un cambio del corazón» (Laudato si’ 218).

En este artículo presentamos la experiencia hecha en la Cueva de Manresa de unos Ejercicios Espirituales en clave ecológica. La fórmula es muy simple: unos Ejercicios Espirituales de ocho días siguiendo el esquema ignaciano, pero introduciendo elementos sobre la creación, la naturaleza, nuestro ser-en-el-mundo, nuestra relación con ella, con los demás y con Dios… y todo ello trabajando sobre todo los aspectos contemplativos y vivenciales, más que los puramente cognitivos.

1) Salid, haced un día de desierto y de paseo contemplativo:

En los primeros días de los ejercicios hemos buscado que las personas entraran en un contacto profundo y tranquilo con la naturaleza. Esta propuesta se hacía acompañada de unos textos que invitaban a la contemplación con los sentidos, a dejar de lado las ideas y conceptos que tan a menudo nos atrapan. En el día de desierto propuesto, hemos ofrecido un texto que iba repasando los diversos ámbitos de nuestro mundo (la Tierra, las piedras, los árboles, los ríos, los animales, las personas…) viendo sus múltiples significados para las religiones y las culturas.

2) Esta noche, película:

Cada noche, después de cenar, hemos propuesto una película contemplativa sobre el cosmos, la Tierra, la naturaleza, la vida de las personas, los grandes dramas humanos de la injusticia, la violencia y la pobreza… todos sabemos que el cine tiene una enorme capacidad expresiva y de transmitir desde la sensibilidad cosas muy profundas.

3) Ejercicios para ordenar la propia vida, sin determinarse por ninguna afección que sea desordenada:

Los Ejercicios de san Ignacio buscan la conversión del corazón del ejercitante para dejar de lado los autoengaños y los que provienen de la propia dinámica del consumismo, del inmediatismo, del olvido de los más pobres y excluidos… Por eso, es tan apropiada la dinámica de los Ejercicios ignacianos, con los días de consideración del mal y del pecado del mundo y el propio, los días de contemplación de la Pasión de Jesús y la pasión de tantas otras víctimas, o finalmente la contemplación de la acción y la presencia del Señor, actuando, en nuestro mundo, y buscando nuestra colaboración en su causa del Reino.

Todo ello creemos que ayuda a trabajar «la conciencia de que cada criatura refleja algo de Dios y tiene un mensaje que enseñarnos, o la seguridad de que Cristo ha asumido en sí este mundo material y ahora, resucitado, habita en lo íntimo de cada ser, rodeándolo con su cariño y penetrándolo con su luz. También el reconocimiento de que Dios ha creado el mundo inscribiendo en él un orden y un dinamismo que el ser humano no tiene derecho a ignorar» (Laudato si’ 221).

Algo nuevo está naciendo

Del 5 al 7 de julio se celebra el III Seminario de Ecología Integral de la CEE a Madrid.

Estamos en primavera (tiempo en el cual este artículo se ha escrito). El olor y la fragancia de las flores, lo mejor de nuestros campos está naciendo, a veces con la dificultad de la contaminación, con el desafío del urbanismo, del consumo desaforado. Con todo, la creación se va abriendo paso. El papa Francisco, a través de Laudato si’, nos interpela para dialogar sobre el futuro del planeta. Esta llamada viene a expresar la necesidad de trabajar por una nueva cultura ecológica. Un compromiso de toda la sociedad y de modo particular para la comunidad cristiana. Por ello, se están poniendo en marcha diversas iniciativas que hagan realidad una auténtica conversión ecológica.

Conversión necesaria

Tal conversión debe ser la respuesta de la fe al drama que sufre hoy el medio ambiente y que tiene su raíz en el corazón ambicioso del ser humano. Una respuesta que supone una revisión antropológica de lo que somos y de lo que hacemos. Una ecología integral que no solo contempla la naturaleza, también una ecología humana en la que se incluyen los contextos sociales y laborales, los espacios urbanos, las condiciones de dignidad de las personas.

La Conferencia Episcopal Española inició hace varios años, aunque de modo incipiente y modesto, algunas iniciativas que ayudaran a tomar conciencia de la necesidad de comprometerse en la búsqueda de una ecología integral. El camino recorrido lo hemos realizado junto a Justicia y Paz, CONFER, Manos Unidas, Cáritas, REDES (ONGs para el desarrollo). Juntos para abrir camino hacia una mayor sensibilidad en la conversión ecológica. Con este espíritu se han organizado tres seminarios (el último este año, del 5 al 7 de julio en Madrid).

El objetivo principal del seminario es conocer y analizar las experiencias que ya se están dando en las parroquias. También en el tiempo libre educativo, en las iniciativas de reciclaje que están abriéndose paso (es el caso de «moda re-», de Cáritas), poniendo el acento en grupos de excluidos que colaboran en la trasformación de la ropa al paso que se integran en la vida laboral.

Dimensiones de la conversión

Y hay dos dimensiones que parecen fundamentales, a las que hay que cuidar. Por una parte, unir nuestras fuerzas al resto de la sociedad que ha entendido la necesidad de cambiar estilos de vida, de producción y de consumo, junto a la necesidad de abordar los problemas ecológicos que afectan a los pobres. Y por otra, para nosotros, los cristianos, como bien subraya Laudato si’, cuidar la espiritualidad que une en estrecha relación la fe procesada, la fe celebrada y la fe vivida.

Lluc Torcal: contemplació i gestió respectuosa de la natura

«Una de las mejores maneras de conversión es a través de la gran virtud de la austeridad y la sobriedad»

M. Àngels Termes, entrevista

El P. Lluc Torcal es, desde 1995, monje del monasterio cisterciense de Santa María de Poblet, en la comarca de la Conca de Barberà, provincia de Tarragona. Fue prior entre los años 2007 y 2016, etapa en la que impulso un proceso, al mismo tiempo comunitario y personal, de conversión ecológica que nos explica, también, en esta entrevista.

Actualmente es Procurador de la Orden Cisterciense y vive en Roma. Mediante el correo electrónico nos ha respondido a las preguntas de esta entrevista, lo que le agradecemos profundamente. Físico de formación, su inquietud por la crisis ecológica la enmarca en la tradición monástica y el magisterio de la Iglesia.

¿Cómo se ha vinculado tradicionalmente la orden del Císter con la naturaleza?

El Císter, como reforma que es de la Regla de San Benito, convive con la naturaleza desde su inicio. Una de las voluntades iniciales de los monjes que iniciaron la aventura cisterciense era recuperar el trabajo manual, especialmente vinculado al mundo de la agricultura y la ganadería. De hecho, son famosas las granjas cistercienses, los campos y los pastos, así como otros elementos vinculados al mundo agrícola como los molinos, los graneros o los canales.

Pero, unido a este aspecto que revela una óptima gestión del entorno natural inspirado en la misma Regla de San Benito, «si es posible, el monasterio ha de construirse en un lugar que tenga todo lo necesario, es decir, agua, molino, huerto y los diversos oficios que se ejercitarán dentro de su recinto, para que los monjes no tengan necesidad de andar por fuera, pues en modo alguno les conviene a sus almas» (RB 66, 6-7), encontramos un aspecto más contemplativo de la naturaleza. Un aspecto por el cual la naturaleza se convierte en símbolo y elemento de acción de gracias por la obra creadora de Dios, según la bella imagen de san Bernardo: «Los árboles y las rocas os enseñarán cosas que no podríais escuchar en otros lugares» (Carta 106, párrafo 2).

¿Qué ha significado la encíclica Laudato si’ del papa Francisco para la Iglesia?

La encíclica ha introducido de lleno, en el pensamiento social de la Iglesia, el problema del cuidado de nuestra casa común, el problema de la ecología y de la crisis socioambiental que está viviendo esta humanidad de inicios del III milenio. Una crisis que, sin ambages, puede acabar fundamentalmente con la existencia y la presencia del género humano en el planeta Tierra, además de muchas otras especies.

Laudato si’ representa un nuevo elemento de la Doctrina social de la Iglesia y, por tanto, su contenido debe integrarse dentro del Magisterio de la Iglesia y no se puede calificar de opinión o de concesión a las modas del tiempo. Por esta razón, la Encíclica no trata simplemente del problema ecológico y ambiental desde una perspectiva teorética sino que está enfocada claramente a la acción a través de un proceso de conversión ecológica integral.

Las razones profundas del desastre ecológico que vivimos no pueden sino encontrarse en la violencia que hay en el corazón humano

Este proceso de conversión integral, sin embargo, precisamente por su alcance, no se queda en la inmediatez, sino que abre el corazón a una mirada contemplativa capaz de alabar a Dios por sus obras y trabajar por la curación de nuestra casa común, de nuestro planeta. Esta mirada, por tanto, ve el universo como un misterio que invita a descubrir un mensaje de armonía universal que evoca el misterio más profundo de la comunión y del destino común de toda la creación. Por esta razón, toda la vida cristiana, toda forma de vida cristiana, en virtud de la dimensión profética que le confiere el bautismo, está llamada a vivir bajo el signo de esta conversión integral que el Papa propone.

El Papa nos llama a una conversión ecológica integral. Si debemos convertirnos, ¿cómo definiría usted nuestro pecado ecológico? ¿Cuáles son sus raíces?

Sobre este punto el Papa es muy claro: las razones profundas del desastre ecológico que vivimos no pueden sino encontrarse en la violencia que hay en el corazón humano (cf. LS 2). Por eso, como apunta la pregunta, la respuesta a la crisis ecológica global pasa por la conversión a una ecología integral, es decir, una transformación hacia todo lo que es común y que como tal solo con la integración de lo que es común, puede empezar a resolverse. Esta ecología integral debe incluir en sí misma las dimensiones ambientales, evidentemente, pero también económicas, sociales, culturales, de la vida cotidiana… siempre en vista a obrar por el bien común, la única fuente capaz de alcanzar una justicia verdadera y perdurable.

Por eso, todo lo que contra esta dirección integradora de todas las dimensiones humanas, constituye el pecado ecológico, también nuestra indiferencia ante este problema. El Papa es especialmente duro ante la indiferencia de los cristianos, ante la alegre indiferencia que no es capaz de reconocer la gravedad del momento histórico que nos toca vivir. Y la necesidad que tenemos de reaccionar todos al mismo tiempo para afrontar uno de los problemas más grandes a los que nunca se haya enfrentado la humanidad: el de su propia supervivencia (cf. LS 59).

Y esto resulta todavía más agudo cuando la raíz de la crisis ecológica que vivimos es fundamentalmente humana: «No nos servirá describir los síntomas, si no reconocemos la raíz humana de la crisis ecológica. Hay un modo de entender la vida y la acción humana que se ha desviado y que contradice la realidad hasta dañarla. ¿Por qué no podemos detenernos a pensarlo?» (LS 101).

Usted, en otras ocasiones, ha dicho que esta conversión tiene dos dimensiones: la de gestión y la de contemplación, ¿nos lo puede explicar?

En efecto, la relación de un cristiano con la naturaleza tiene dos componentes básicas: la contemplación y la gestión respetuosa, y para llevar a término una auténtica conversión ecológica integra, ambas componentes deben confluir en igualdad de condiciones. El libro del Génesis nos dice que la tierra nos ha sido dada para servirnos de ella y cuidarla. Servirnos de ella no es expoliarla: antes al contrario, implica gestionarla haciendo uso del don de la inteligencia y del estudio así como del esfuerzo del trabajo que permite obtener todos los recursos necesarios para la subsistencia del género humano en este planeta, siempre partiendo de la conciencia de que los recursos son finitos. Pero para poder gestionar sin egoísmos debemos mirar la naturaleza como un don de Dios para todos, es decir, mirarla contemplativamente: como regalo de Dios y como expresión suya, como epifanía de su amor y de su bondad para todos los hombres.

Con la aproximación contemplativa a la naturaleza activamos la caridad hacia Dios. Con la gestión inteligente e integral de la naturaleza activamos el amor al prójimo.

Dicho brevemente, con la aproximación contemplativa a la naturaleza activamos, para decirlo con una imagen contemporánea, la caridad hacia Dios, porque cada vez que desplegamos nuestro corazón contemplando la obra de la creación, lo que hacemos es amar a Dios por encima de todas las cosas. La gestión inteligente e integral de la naturaleza, en cambio, nos ayuda a activar el amor al prójimo, puesto que es gracias a esta gestión que podemos ser capaces de distribuir a todo el mundo todo lo que necesitan para vivir. Y ya sabemos que el amor a Dios y al prójimo están en el corazón del Evangelio…

¿Cómo deberíamos concretar esta conversión a nivel de comunidad cristiana y a nivel personal? ¿Qué ámbitos deberíamos tener en cuenta?

Los ámbitos de nuestra conversión están muy bien explicados en Laudato si’: la energía, la gestión del agua (definida como un derecho fundamental del hombre), los residuos, los alimentos, la movilidad, así como la organización de las ciudades, entre otros, son los elementos básicos con los que debemos repensar y rehacer nuestras relaciones. Para hacerlo, una de las mejores maneras que tenemos es a través de la gran virtud de la austeridad y la sobriedad: la reducción de nuestro consumo, la simplicidad de nuestro estilo de vida, la generosidad… en pocas palabras aquello del «menos es más», es nuestro mejor aliado.

Esto se puede concretar de mil maneras: tantas como situaciones humanas existen. Conviene siempre partir de tomar conciencia del problema. Después evaluar en las situaciones particulares de cada uno y de cada comunidad dónde nos encontramos en relación a esta toma de conciencia y, en base a todo ello, emprender las acciones necesarias más pertinentes para concretar, en nuestras circunstancias, la llamada a la conversión integral que pide el Papa. Eso es lo que hicimos en Poblet a partir del año 2007, anticipándonos a la Laudato si’.

¿Qué hicieron en Poblet?

Monasterio de Santa María de Poblet

El año 2007 tomamos conciencia que nuestra relación con el medio ambiente no era la mejor posible, ni desde el punto meramente ecológico, ni de acuerdo con los avisos de la comunidad científica, ni teniendo en cuenta nuestra tradición monástica o el mismo magisterio de la Iglesia. Por poner un ejemplo, ni nuestra gestión del agua ni la de la energía necesaria para la calefacción se podían calificar de ejemplares. En base a esta conciencia, iniciamos un proceso comunitario y personal al mismo tiempo de conversión ecológica que, además de producir un texto que fue aprobado por todos los monjes y monjas cistercienses de Cataluña, nos ha conducido a reducir nuestro consumo de agua en un 95%, a evitar la contaminación de las aguas residuales gracias, sobre todo, a las duchas que permiten lavarnos sin jabón.

Una de las mejores maneras de conversión es a través de la gran virtud de la austeridad y la sobriedad

También es fruto de este proceso, la renovación de los sistemas de calefacción del monasterio. Acción que hemos visto cómo desde su inicio hemos reducido muy considerablemente el consumo de gasóleo (casi al 75%) introduciendo sobre todo elementos aerotérmicos de producción de energía calorífica. También aún dentro del sector energético, las instalaciones de paneles fotovoltaicos y las placas solares han hecho reducir la dependencia energética de fuentes externas de origen fósil. Aún dentro de este campo, el cambio de gestor energético, ha supuesto un gran ahorro económico para la comunidad.

Esta conciencia nos dispone también a considerar los materiales y la planificación entera con los que hemos abordado las nuevas renovaciones o construcciones de espacios del Monasterio. Son un ejemplo de ello la tienda-recepción de Poblet, el nuevo Centro de visitantes o la restauración de las salas del Museo.

Pero esta conversión se extiende a otros muchos detalles: los jardines del Monasterio (renovados con plantas autóctonas, más resistentes a las condiciones ambientales de nuestro entorno inmediato), el huerto y las plantaciones de Poblet, la relación con el bosque de Poblet y el Paraje Natural de Interés Nacional que envuelve el cenobio cisterciense. También la reducción de la movilidad dentro del recinto monástico, la compra al mayor (capaz de reducir considerablemente los envases y los residuos consecuentes) y un largo etcétera de elementos. Ellos van encadenándose a este rosario a medida que uno se adentra en el proceso de conversión que el papa Francisco nos invita urgentemente a hacer.

Naturaleza y Dios

M. Àngels Termes, directora

Este número de Galilea.153 quiere ayudarnos a tomar más conciencia de la fragilidad de la naturaleza que hemos recibido de Dios.

A menudo oímos hablar de ecología, pero es una palabra técnica que cuesta traducir a nuestra vida. En cambio, si nos hablan de no echar a perder los recursos naturales o de gestionar correctamente nuestros residuos… ya vemos que nos afectan.

La naturaleza nos abre a Dios

Por poco dispuestos que estemos, las maravillas de la naturaleza nos conducen a Dios: la grandeza de las montañas, la inmensidad del mar, las maravillosas estructuras moleculares que vemos a través del microscopio o la grandiosidad del cielo nocturno, nos abren el corazón a una inmensa acción de gracias al Creador.

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Joan Morera: transmitir la noviolencia de Dios

«El perdón es un salto en el vacío»

(Mercè Solé, entrevista / Marta Pons, video)

Joan Morera, un joven informático que un buen día se hizo jesuita, nos recibe una tarde soleada en Barcelona. Además es un conocedor de las lenguas bíblicas y de la noviolencia en la Biblia, ha estudiado en Roma y en Jerusalén. Su interés por la esencia y la gestión de los conflictos le ha llevado a vivir unos años en Tanzania. Desde hace un año, coordina un grupo de trabajo dentro de Cristianismo y Justicia para la noviolencia activa (NOVA).

El conflicto es inherente a la realidad humana

El conflicto más bien tiene mala prensa entre los cristianos…

A menudo partimos de una noción de paz que consiste en la negación de alguna realidad. El conflicto es inherente a la realidad humana: siempre lo hemos tenido, lo tenemos y lo tendremos. Por lo tanto, cuando partimos de una definición de paz positiva, que es la que no se estila, nos damos cuenta de que la paz se construye, de que para trabajar por la paz tal vez deberemos hacer un boicot, una denuncia o defender activamente a un colectivo que es víctima. Debemos dar a la paz el sentido que realmente tiene.

Pero navegar por el conflicto es difícil

Lo que vemos como conflicto normalmente es un resultado violento de un conflicto no atendido. El conflicto es una diferencia de necesidades y de intereses que ha producido un choque entre personas o entre colectivos. Cuando esto se silencia, se vive mal y se produce una tensión que no aflora hasta que aparece la violencia. Pero el conflicto ya existía.

Se necesita mucho autoconocimiento. Ir viendo cómo respondemos ante el conflicto y qué sentimientos afloran es importante, pero no podemos controlar ni los propios sentimientos del todo, ni los del otro. De hecho, no es realista que los sentimientos o las actitudes de los demás puedan ser controlables.

Propuestas concretas de Jesús

Cuando Jesús hace propuestas concretas de noviolencia, como poner la otra mejilla compartir el vestido más allá de lo que dice la ley o extender a dos la obligación de caminar una milla, lo que propone son acciones concretas que no dependen de la reacción del adversario, sino de la propia libertad. Lo que propone la noviolencia precisamente es, ante un bloqueo, llevar a cabo acciones que hagan avanzar y que toquen el corazón.

Una de las claves es integrar al adversario. Por tanto, cuando una de las partes pretende siempre integrar a la otra, esta nunca quedará castigada por las actitudes de la primera. Esto es importante, porque cuando queremos practicar la noviolencia de Dios, hemos de integrar, de imitar a Dios, siguiendo los pasos de Jesús.

La inclusivitat, clau per a la noviolència

¿Qué significa integrar?

Una de las grandes características de Dios como noviolento es precisamente la inclusividad. Integrar al otro sería querer y desear trabajar por un resultado final vencedor/vencedor y no vencedor/vencido. Nelson Mandela, cuando estuvo en la cárcel, aprendió la lengua de quienes le oprimían, intentó aprender su poesía, intentó hablar con ellos, conocer sus motivos, sus necesidades. Esto es tomarse en serio al otro y está en vías de llegar a una solución de vencedor/vencedor.

Cuando se echan en cara al otro las diferencias, se provoca una respuesta defensiva y se levantan más barreras de las que hay. Se necesita un proceso interior, personal, además del externo, visible y colectivo.

¿Cuál es la aportación específica de los cristianos?

Gandhi, King, Mandela, todos ellos tenían una espiritualidad de donde extraían energía y fuerza. Además los cristianos contamos con la gran transformación que Dios nos ofrece, que es el perdón. Es un Dios que siempre intenta reconciliar, y en este sentido también es un Dios que siempre va a buscar a los más alejados. Este sentido de inclusividad hay que trabajarlo a nivel personal para que se integre en nuestras decisiones cotidianas.

Además, el cristiano que no lo es solo de nombre, cuenta con un punto clave que es la autenticidad. En un conflicto es fácil mentir o buscar segundas intenciones. Cuando un cristiano es auténtico, a través de la autocrítica sacude su propia posición, evalúa si lo que hace agrede o no, si es según Dios o no. Todo esto aporta una cualidad no violenta, un estilo evangélico muy necesario.

La materia del conflicto

Cuando yo vivo un conflicto, con la cabeza veo por dónde debo ir, pero por dentro es muy difícil dejar de sentir una gran animadversión…

Puede ayudar separar si la materia del conflicto pertenece a un grado absoluto, a un grado testimonial o a un grado relativo. Pere Casaldàliga dice: «Solo hay dos absolutos: Dios y el hambre». Es un absoluto porque hay una vida humana por medio.

En cambio, todo lo testimonial sería aquel conjunto de cosas que creemos, que vertebran nuestra vida y que no podemos imponer a los demás ni dejarnos imponer. Las defenderemos, daremos incluso nuestra vida por ellas, como la propia fe, pero en cambio no pueden ser utilizadas como disputa.

Lo relativo, por otra parte, es lo que nos separa, a veces son minucias. Identificar lo que pertenece al grado absoluto, lo que pertenece al grado testimonial y lo que pertenece al relativo, es de una gran ayuda.

Aparte de esto hay todo un proceso de transformación interior. Es una aventura, una peregrinación y se puede ir haciendo incluso a través de textos bíblicos que pueden acompañar, como los del siervo sufriente, o las propuestas de Jesús. Todo ello contribuirá a evitar que las decisiones salgan del sentimiento. Debemos ganar en lo que en términos de san Ignacio llamamos indiferencia.

Ganar en libertad interior

No significa pasar de todo, al contrario, quiere decir ganar en libertad interior. Si estamos ofuscados por el odio y la rabia, podemos intentar humanizar al adversario. Hemos de pensar de qué modo podemos sentir ternura por lo que nos llega de su mundo, qué contexto ha vivido y ha sufrido, qué puede suponer para mí mantener el odio o bien abrazar el perdón. El perdón no sale de lo que ha pasado. Lo que ha pasado es una herida. Y de una herida salen los sentimientos amargos y dolorosos.

El perdón es un salto en el vacío que los cristianos debemos atrevernos a hacer y que más que acceder a la voluntad del otro o de pensar que es justificable lo que ha hecho es dar el paso para liberarme a mí mismo y poder vivir según lo que Dios desea de nosotros, y no según lo que aquella herida está representando todavía para mí.

La comprensión de un Dios noviolento

Pero la Biblia está llena de textos con una gran dosis de violencia

Si hay textos violentos es porque la Biblia refleja el lenguaje y la realidad de quienes la escribieron. Pero por más que el escritor bíblico haya formulado en labios de Dios una frase que extermina a un pueblo entero, hay que ser conscientes de que no estamos ante relatos cronológicos, sino de géneros que comunican un mensaje.

No es plausible que este mismo Dios del Antiguo y del Nuevo Testamento sea tan contradictorio porque el mensaje comunicado es Palabra de Dios, con un lenguaje manchado de aquella violencia que vivían. Esto no debe llevarnos a excluir estos textos, porque, si no, caeríamos en la tentación de los que se dicen noviolentos y no lo son, es decir, de no integrar al adversario.

Debemos integrarlos, intentando leerlos desde una perspectiva que permita ver su contexto para entender lo que pretenden comunicar. Lo que aplicamos al adversario persona, debemos aplicarlo también al texto violento redactado en la Biblia.

Nuestra relación con Dios

Desde la comprensión de un Dios noviolento estamos garantizando que la vivencia del cristianismo no sea tan solo un cumplimiento de normas. Además, Jesús vino a destruir esta mentalidad que nos da una falsa seguridad: los que están dentro se salvan, los que están fuera se condenan. La propuesta de Jesús es más bien un seguimiento, una persona, una relación. Y por tanto esta relación con Dios debe ser un constante peregrinaje, un salir de nosotros mismos.

Lo más importante es que la noviolencia lo asegura porque precisamente no permite conformarte. Siempre te mueve a cuestionarte, a sospechar de ti mismo, a mover las seguridades para intentar que las posiciones que están enfrentadas lleguen a una reconciliación o por lo menos a un acuerdo que permita satisfacer las necesidades de ambas partes.

¿Podrás perdonarme algún día?

(Galilea.153, Peio Sánchez)

Con Can you ever forgive me?, film reciente sobre una falsificadora que busca redención, introducimos esta reflexión sobre el perdón en el cine. Quizás el perdón y la espera en el más allá sean los dos rasgos antropológicos más radicales de la naturaleza humana. Propongo revisitar dos películas entre una inmensa gama de posibilidades.

Una historia verdadera (1999, David Lynch): camino de reconciliación

David Lynch bajo capa de surrealismo esconde a un humanista que se centra en lo pequeño y en las periferias. Un día leyó en un periódico que un anciano había recorrido 800 km en una máquina cortacésped para ir a ver a su hermano moribundo con el que estaba enfrentado. Los hermanos, en una historia tan antigua como Caín y Abel, se habían enfrentado y no se ven desde hace 10 años. Alvin decide hacer un viaje penitencial en busca de su hermano, mirando en la noche las estrellas y teniendo una serie de encuentros tan fortuitos como preciosos. Una joven embarazada huida de su casa, una familia hospitalaria, un cura en un cementerio, una mujer que mata un ciervo con su coche.

El tiempo es lento, la mirada es contemplativa, el itinerario es interior. A demás, ese camino solo se puede hacer lentamente, allanando los pliegues del alma. El final, memorable, no es un abrazo, sino ambos hermanos mirando al cielo estrellado. Cuando Alvin cuenta su historia al cura, en uno de esos encuentros inesperados, rodeados de sepulturas y cubiertos por un manto de estrellas, el ministro de Dios le dirá: «Y yo digo a todo eso amén». Una absolución encubierta pero con poder de gracia ya sanante. Y el encuentro es mucho más que solicitar el perdón, es volver a caminar juntos hacia más allá de la muerte.

Tres anuncios a las afueras (2018, Martin McDonagh): venciendo la ira

Mildred Hayes es un saco de ira. Han violado y asesinado a su hija adolescente y la policía no se esfuerza lo suficiente para encontrar al responsable. Por ello pone tres enormes vallas publicitarias a la entrada del pueblo denunciando al jefe de policía, un tipo bonachón que está entre la vida y la muerte. Tiene como ayudante a Dixon, un poli racista, duro y frustrado, marcado por la ira. Pronto se establece un duelo entre Mildred y Dixon.

El enfrentamiento se jalona de actos de violencia: peleas, cócteles Molotov, insultos y sujetos lanzados por la ventana. Solo dos luces y el final suponen el giro hacia el perdón. En una de las notas tras el suicidio dirigida al subalterno, el sheriff canceroso le dirá a su pupilo que deje el odio de lado y siga el amor. Un fondo que late para el final abierto. La otra es de una comicidad dramática entrañable.

Dixon ha lanzado por la ventana al publicista que ha alquilado las vallas a Mildred y la víctima yace entre escayolas en el hospital. Mildred provoca el incendio de la comisaría y Dixon es ingresado con graves quemaduras. Ambos son destinados a la misma habitación. Dixon tras los vendajes se muere de sed. Tras las dudas, el bueno del joven publicista renqueante acude en su ayuda para, a través de una pajita, ofrecerle un poco de agua. Por tanto, la víctima perdona, compadecido de su verdugo. Esta es la anticipación del final. En la última secuencia Mildred y Dixon van juntos en el coche, avanzan en busca del desconocido asesino, pero algo parecido a la reconciliación ya brota entre ellos.

Odio versus amor

Las heridas son reales. El dolor de la madre es inconmensurable, la frustración del policía se descubre tras su madre posesiva y enferma. La violencia brota en la naturalidad de la comedia. El círculo parece invencible. Pero el viejo y enfermo sheriff ha señalado la cuestión: odio versus amor. La elección de dar de beber al sediento enemigo es colocada como el centro del film, un acto desmesurado, milagroso y trascendente. Pero hace que el espectador se quede deseando ese destino de reconciliación para la buena de Mildred y el desnortado Dixon, ahora juntos en un viaje que ya ha comenzado.

Humildad y perdón

Editorial de la revista Galilea.153 número 7 dedicada al perdón como actitud de fondo.

(Editorial núm. 7, M. Àngels Termes)

El perdón como actitud de fondo

Este número de Galilela.153 lo dedicamos al perdón, al perdón como actitud de fondo. Hemos obviado el sacramento del perdón, aunque en algún artículo se hable de él, como el de Sergi d’Assís Gelpí. El artículo nos explica su experiencia como sacerdote que confiesa.

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Simbolizar, como mujeres, las etapas importantes de la vida

El paso de la niñez a la adolescencia para una niña, ¿cómo la acompañamos como familia, como grupo, como colegio, como comunidad?

(Paula Depalma)

Hace unos días, con algunas madres del colegio de mis hijos, veíamos la necesidad de simbolizar el paso de la niñez a la preadolescencia. ¿Qué es lo que hace que una niña se transforme en mujer? ¿Cuáles son los rasgos característicos de esta etapa? ¿Cómo la acompañamos como familia, como grupo, como colegio, como comunidad? Veíamos la importancia de hacer signos y ritos para acompañar, reconocer y dar empuje a una nueva etapa de la vida. Tirando del hilo de la conversación, nos preguntamos por qué no simbolizar también el momento que estamos viviendo las mujeres adultas, o lo que viven nuestras madres, muchas de ellas ya cercanas a la ancianidad.

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Mujeres libres y felices

(Equipo de redacción de la revista Galilea.153)

No nos engañemos. Este es un tema delicado para tratar hoy dentro de la Iglesia. Delicado porque una de las transformaciones sociales más profundas del pasado siglo ha sido el protagonismo creciente de las mujeres, ganado a pulso en el día a día, mientras que el discurso oficial de nuestra institución eclesial en relación al papel de las mujeres apenas se ha movido de donde estaba, incluso después del Concilio. Y delicado también porque algunas de las reivindicaciones feministas más emblemáticas, sobre la sexualidad, el divorcio y el aborto han entrado en conflicto directo con el fondo de la doctrina católica, al menos tal como está formulada.
Como la redacción del CPL (M. Àngels, Toni, Quiteria, Maria y yo misma) somos así de atrevidos, hemos pensado que en este número, en lugar de entrevistar a alguna persona relevante, nos iría muy bien compartir reflexiones y propuestas, que aquí transmitimos.

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Desterradas hijas de Eva: mujeres en el cristianismo primitivo

En el cristianismo primitivo la mujer tuvo protagonismo en las comunidades locales.

Ilustración de Ignasi Flores para el libro de Fernando Rivas Santa Olímpia. Noble cristiana y diaconisa. Colección Santos y Santas, CPL 2018

(Fernando Rivas Rebaque)

Se podría resumir el papel de las mujeres dentro del cristianismo primitivo en tres momentos: 1) protagonismo inicial (finales del siglo I), 2) progresiva domesticación (siglos II y mediados del III), y 3) paulatina exclusión y marginación (finales del siglo III en adelante).

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